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En 2026, los institutos profesionales recibieron 166 mil matrículas de primer año, frente a161 mil de las universidades. El traspaso de las carreras técnicas de Inacap desde su CFT al IP influye en el cruce, pero detrás del hito hay tendencias que vienen de antes: crecen las carreras profesionales y, en algunas áreas, la combinación entre duración, costo, empleabilidad e ingresos vuelve más competitiva esta alternativa
En 2026,166.139 estudiantes se matricularon por primera vez en un IP, frente a 161.292 que lo hicieron en una universidad. La diferencia es estrecha —menos de cinco mil matrículas, pero marca un cambio en la forma en que los nuevos estudiantes están entrando a la educación superior chilena.
La fotografía cambia cuando se observa la matrícula total: las universidades siguen concentrando la mayoría de los estudiantes de pregrado. Pero entre quienes ingresan por primera vez, el peso de los IP y CFT es mayor: en conjunto reúnen el 56,5% de las matrículas nuevas.
El cruce de este año, sin embargo, tiene una particularidad: Inacap trasladó las carreras técnicas que hasta 2025 impartía a través de su CFT al Instituto Profesional Inacap. Ese movimiento administrativo explica parte del aumento de los IP y la caída de los CFT. El SIES advierte que ese movimiento influye en que los IP superen este año por primera vez a las universidades. Pero incluso sin ese efecto, la matrícula total de los IP habría crecido 3,8% durante 2026. Y hay otros movimientos que no dependen de Inacap y que muestran una transformación más profunda.
Aunque los IP suelen asociarse a la formación técnica, una parte creciente de su matrícula corresponde a carreras profesionales sin licenciatura. En 2026, estos programas aumentaron6,3% y explicaron casi todo el crecimiento del sistema en este tipo de formación. La tendencia venía de antes: en 2025, las carreras profesionales ya representaban cercade dos tercios de la matrícula de los IP, frente a alrededor de la mitad entre 2015 y 2018.
La pregunta es qué está haciendo atractiva esta opción profesional para un número creciente de estudiantes. Parte de la respuesta está en la relación entre tiempo de estudio, costo y resultados laborales.
La ecuación entre costo y retorno
El atractivo de los IP también puede observarse en la relación entre tiempo de estudio, costo y resultados laborales. Algunas de las carreras profesionales que imparten estas instituciones tienen una duración formal de cuatro años y exhiben niveles de inserción e ingresos eleva-dos. Ingeniería Industrial, por ejemplo, alcanza una empleabilidad de 95,4% al primer año y un ingreso bruto promedio cercano a $2,4millones mensuales al quinto año. Su arancel anual ronda, en promedio, los $2,6 millones, aunque varía según institución y sede.
En Ingeniería en Computación e Informática, una de las carreras profesionales con mayor matrícula nueva en los IP, la empleabilidad llega a 82,1% al primer año y el ingreso promedio supera los $2,1 millones al quinto. Ingeniería en Electricidad e Ingeniería en Conectividad y Redes, en tanto, bordean el 86% de empleabilidad y registran ingresos cercanos a los $2 millones después de cinco años.
Los datos no significan que todas las carreras de IP tengan el mismo retorno, pero muestran que en determinadas áreas la combinación entre duración, costo, empleabilidad e ingresos puede resultar competitiva. Esa ecuación aparece también entre las razones que las instituciones identifican detrás del crecimiento del sector.
Para Nicolás Ocaranza, vicerrector Académico de AIEP, la decisión es cada vez más estratégica: los estudiantes buscan una inserción laboral rápida, salarios competitivos y alternativas que puedan compatibilizar con el trabajo y otras responsabilidades. Hay carreras cuyos ingresos son iguales o superiores a los de muchas carreras universitarias y, por ello, sostiene, la formación TP puede ser “una opción muchas veces más rentable”. A eso se suma la flexibilidad que requieren quienes trabajan o tienen responsabilidades de cuidado. Pero la elección no se agota en el cálculo económico. Esa lectura es compartida por Diego Errázuriz, director de Admisión y Marketing de Duoc UC. A su juicio, la educación TP se ha convertido en una vía de desarrollo profesional continuo, elegida por estudiantes que ya no solo quieren insertarse rápido en el mercado laboral, sino también seguir especializándose. Errázuriz destaca además la diversidad del perfil: jóvenes recién egresados conviven con adultos que buscan reconvertirse o actualizar competencias frente a los cambios del merca-do. “Las empresas necesitan talento técnico cada vez más especializado”, afirma, lo que favorece el interés por programas conectados con la industria.
IACC amplía esa explicación a tres dimensiones. Para Oscar Iriani, rector (i) y vicerrector Académico de IACC, el auge de la formación TP responde primero a un incentivo económico claro: Chile registra los retornos privados más altos de toda la OCDE para quienes obtienen un título terciario. “Ningún otro país recompensa tanto, en términos salariales, el esfuerzo de estudiar”, señala. A ello se suma un factor tecnológico —con tasas de conectividad superiores al 95%— y otro cultural: trabajadores que entienden que quedarse quieto no es una opción y que la actualización permanente es parte de la vida laboral.
Mirado desde el sistema, el resultado es una brecha que se estrecha. La subsecretaria de Educación Superior, Fernanda Valdés, señala que mientras la educación universitaria tiende a una meseta, la formación técnico-profesional vive un proceso de crecimiento sostenido que ha ido acortando la brecha entre ambos subsistemas. Ese crecimiento, advierte, plantea también nuevos desafíos: avanzar en trayectorias más flexibles y fortalecer la articulación entre la formación y los sectores productivos en todas las regiones.
Lo que muestran las cifras es que, detrás del hito estadístico de 2026, hay un cambio más gradual: los IP ya no pueden leerse solo como el espacio de las carreras técnicas. Han ganado terreno en la formación profesional y, en determinadas áreas, ofrecen una combinación de duración, costo y resultados laborales qué está ampliando su atractivo frente a otras alternativas de educación superior
POR CEINA IBERTI
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